domingo 19 de abril de 2009

Mi viaje en grupo hasta la frontera. Mejor que un Safari.



Mi viaje en grupo hasta la frontera.

Mejor que un Safari.

Tras una semana caótica, en donde incluso pasé una noche de oscuridad, gracias un corte de electricidad programado por Chilectra, jamás informado al edificio donde resido, y que por su acción abrupta me obligó a formatear mi computador y a configurar latamente todo desde cero, tuve el agrado de mejorar mi ánimo, al asistir al más honorable evento al cual se puede aspirar ser invitado, y que es la de la Conmemoración del Natalicio de la Leona de la Frontera.

Este sábado, inicié mi andar apurado, con el fin de llegar con puntualidad inglesa al lugar de encuentro fijado con el resto de los invitados. Sin embargo, de quienes decidimos peregrinar juntos hasta la casa de Anita, la festejada, a ratos era el único ser preocupado de la hora, o al menos así parecía ya que nadie estaba preparado para salir, salvo yo. Cuando lo más selecto del grupo estuvo preparado para salir, y ya resuelto el dilema de qué medio de transporte usaríamos para ir, olvidamos el pequeño hecho que las estrellas de cine, no andan ni en metro ni en micro (bus), así que sólo unos pocos contaban con tarjeta BIP, debiendo prestar una de las mías para salvar la situación.

Fue enriquecedor viajar con aquel grupo, ya que en el viaje en sí, descubrí cosas inimaginables mucho mejor que en cualquier safari. En el metro, aprendí casi por arte de magia, que VIP y BIP son dos conceptos incompatibles, o a lo menos, mi amiga Verónica tiene muy mala suerte, porque mientras ella busca el dinero en su cartera, las cajas del metro estaban vacías, pero cuando lo encontraba, frente a ella había una cola de no menos de cinco personas, y no precisamente pidiéndole un autógrafo. Mejor suerte hubo con la micro, la cual llegó casi instantáneamente.

Como han de suponer, la flora y fauna dentro de la micro era muy diversa, a niveles que nosotros llegamos a desentonar en aquel entorno, más prudente hubiese sido llevar un cucalón, pero a esa altura era imposible conseguir uno, por suerte, una cámara salvó la situación, dando a conocer nuestro estatus de turista, inmortalizándonos entre los habitantes del lugar. Un momento de jolgorio regalado por la naturaleza, fue un espectacular frenazo que dio el chofer, el cual casi eyecta a un par de señoras, para dejar pasar a dos patrullas de Carabineros los cuales viraron hacia el sur, y al rato, dieron vuelta en U para ir en dirección norte, dándole preciados tres minutos de ventaja a los delincuentes.

Tras una hora de viaje llegamos a destino, instante preciso en que tuve la fuerte sensación que Ricardo Montaner estuvo en ese paradero, ya que se me vino a la mente la letra de una conocida canción interpretada por él y que dice: "en el último lugar del mundo, al lado de la cordillera". Pero lejos de crítica, hay algo muy positivo que he de reconocer, y es la diferencia entre vivir en el centro de la urbe y el hacer soberanía, radica en que si yo tengo palomas, Anita tiene aguiluchos y toca clase de aves rapaces, si yo tengo lluvia ácida, ella tiene nieve.

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martes 14 de abril de 2009

Enrarecimiento temporal.



Enrarecimiento temporal.

Hoy mis palabras serán cortas, porque creo que no se requieren muchas lineas para explicar el fenómeno raro y absolutamente temporal (espero que más de media hora no dure), por el cual estoy pasando, tras haber visto el film, "Torres Gemelas", cuyo rol protagónico es interpretado por el actor Nicolas Cage.

Asumo que estoy enrarecido, porque cada vez que veo una película sobre los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001, salvo el ridículo video clip de Delfín Quispe, es inevitable que se me comprima el pecho en más de una ocasión, y que de vez en cuando me de un arranque de rabia con las escenas, ya que aunque ocurrió en otro país, no conocía en persona a nadie de las víctimas, y el conflicto me resulta lejano, me siento muy cercano al dolor y la impotencia de cada uno de los afectados directa o indirectamente.

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lunes 13 de abril de 2009

Mi cama de descanso, la cama del pueblo.



Mi cama de descanso,

la cama del pueblo.

Bajo este misterioso techo existe una cama, una cama americana, mi cama. Suele ser una cama del pueblo, ya que mucha gente ha dormido en ella y hasta ahora no ha recibido quejas, sino más bien muchas alabanzas. Fue escogida por mi, sin saber en ese momento que sus atributos la harían una buena cama de descanso, puesto que destaca por seductora y coqueta; es de esas camas que hacen agua la espalda. Quien se recuesta, suele quedarse dormido, porque ante el más mínimo reposo, con tremenda diligencia ella llama a Morfeo.

Está localizada donde el Feng Shui dice que no se debería colocar una cama, pero como cama americana, hace juego, con los muebles Mecánica Popular de los años 60's y 70's que la circundan y resguardan estando en un lugar más que apropiado, y por lo demás, muy íntimo. Quizás, tantas puntas de flecha le apuntan y tantos ventanales y puertas le rodean, que en ella se concentran todas las energías agotando a cualquiera que se recuesta en ella, porque la práctica demuestra que es sueño seguro.

Sólo un defecto tiene mi cama, y es que en algo queda corta su esencia o quizás tiene pretensiones religiosas ortodoxas, así como nos llama a estar inertes ella no soporta movimientos ni cortos ni largos, así como llama al descanso no tolera actividad, así como seduce al silencio, delata con chillidos, crujidos y martilleos tan desagradables como gritos y batucadas, a quien intente cualquier actividad sexual, confabulando con los muebles que la rodean, para que además, todo sea aún más incómodo.

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jueves 9 de abril de 2009

Es malo dormir con plantas. Un extraño temor infundado.



Es malo dormir con plantas.
Un extraño temor infundado.

Hace poco, y a propósito de mis cactus y mis semillas de planta carnívora que están en mi dormitorio, un muy querido amigo me comentó que era malo dormir con plantas, ante mi pregunta de cual era la razón, a parte de que sería doloroso meter cactus en mi cama, no me supo responder, así que explicaré las razones por las cuales yo no tengo miedo.

Si bien todas las plantas son distintas, generalmente y explicado a grandes rasgos, éstas producen oxígeno durante el día cuando están en el proceso de fotosíntesis, y durante la noche, comienzan a respirar oxígeno y a producir dióxido de carbono. Eso explicado a grandes rasgos, porque hay plantas que respiran todo el día, otras que respiran de noche, y otras solamente de día, pero como todo ser vivo, sea como sea, en algún momento respiran emanando dióxido de carbono, y supongo que uno de los posibles temores radica en ese temido gas tóxico.

Siendo realistas, si el temor nace por el intercambio de gases, una planta de interior produce más oxígeno que el que consume, y absorbe más dióxido de carbono que el que emite respirando, y aún cuando esto no fuese así, la cantidad de plantas que se requeriría para contaminar con gases tóxicos una habitación a determinadas horas sería tan grande, que dudosamente una persona podría dormir ahí, puesto que hablamos de meter una selva en un cuarto. A todo esto, debemos sumar, que toda habitación requiere tener una buena ventilación, de no contar con esa ventilación, es más fácil morir intoxicados con gas radón producto del encierro, que por el dióxido de carbono que produzcan los seres vivos que habitan en ella (incluyendo en la producción de gases al ser humano que duerma ahí).

Ahora bien, bajo el supuesto sadomasoquista que si el miedo a los gases aún persiste y el deseo de tener una planta en el dormitorio es igual de poderoso, bastaría con colocar una planta con respiración de día, junto a una de respiración nocturna tratando de compensar la producción de gases.

Creo que los miedos bien fundados son más acotados, y de pleno sentido común, hay plantas que condensan tanta humedad al rededor que descascaran la pintura de los muros cercanos, siendo estéticamente horrible, y en casos graves, puede que por ello surja algún moho perjudicial para el ser humano; situación que se acaba, colocando el macetero con una planta de bajo riego, muy lejos del muro, y aplicando los fungicidas que correspondan.

Por otro lado, supongo que nadie, por muy estúpido que sea, usaría como planta de interior, una planta maloliente, de perfume empalagoso, o cuyo polen, sabia o muscilagos, generen alergias, irritaciones, o envenenamientos.

En cuanto a una explicación psicológica, para quienes gusten de las plantas será bueno, para quienes no gusten de ellas, o tengan alguna fobia será malo, y para quienes sea indiferente, les dará siempre igual. En un plano más esotérico, hay quienes creen que las plantas traen buenas vibras, y por tanto sería bueno tenerlas, en cambio, hay otras teorías que dicen que es mejor tener las plantas afuera de casa porque llaman a la mala suerte, sea como sea, nadie se pone de acuerdo con el tema, y en ese caso, la razón sólo se fundará en la fe o creencia de la persona, más que en algo de explicación científica.

Por último, la única vía a analizar, es la de meter el macetero dentro de la cama, para dormir con la planta, situación que junto a ser una clara patología psiquiátrica, implica un severo riesgo para la planta más que para el hombre, a menos que se trate de un cactus, tal como indiqué al principio.

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miércoles 8 de abril de 2009

Certidumbre sin láctosa, una irracional percepción.



Certidumbre sin lactosa,
una irracional percepción.

Junto a mi insípida leche sin lactosa, y apuntando mi mirada a mi pretencioso cactus chascón, toco mi anillo mágico buscando la inspiración correcta que me de una respuesta sensata. Todo se nubla en mi mente, nada es claro en mi corazón, pero poco debería importar a esta hora en que el descanso llama y es el sueño lo que prima, sin embargo, algo raro sucede y me mantiene inquieto.

Sí, suena infundado, pero si hay algo que estimo cierto es que algo extraño ocurre, el fuego está más potente, el agua se electrifica, el Otoño se resiste a venir, las plantas algunas vez fuertes han ido decayendo por eventos raros, la tierra está más sísmica, tengo el sueño cambiado y soñé que un fantasma me tiraba el pelo, despertando con dolor en el cuero cabelludo, como si hubiese sido cierto.

No creo que sea por Semana Santa, dudo mucho que el problema sea tectónico, no creo que falle la toma de tierra de la casa, nada tiene que ver el recalentamiento global, sin embargo, una fuerza misteriosa está empujando todo a un ángulo de extraña perspectiva. Hay tantas cosas que pasan a mi lado, bajo la cruel dicotomía de sentirlas cerca y a la vez lejanas, y que en parte a veces creo que son parte de mi sensación inexplicable, hace poco un misterioso incendio apretó mi corazón pues sus víctimas fueron personas de esfuerzo, muy conocidas en el barrio mucho antes que yo fuese proyecto de existencia y que desde hace un tiempo son mis vecinas; en el mismo edificio donde vaga la incertidumbre de qué ocurrirá con la administración, de la cual hace poco dejé de ser parte.

No sé que es exactamente, no sé aún si tiene nombre, y mucho menos seré capaz de explicarlo, y así como a mi leche le falta la lactosa, mi mente y mi corazón hoy carecen de certidumbre ante estas extrañas percepciones.

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martes 7 de abril de 2009

Conocidos.



Conocidos.

Siempre a la misma hora y en el mismo lugar, durante cinco de los siete días de la semana, solemos divisarnos, y con un extraño ademán, que sólo tú y yo entendemos, somos cómplices de un entorno que quisiéramos manejar a voluntad. Siento que te conozco porque pones el mismo rostro de desagrado cuando el mar de gente invade todo el lugar, aunque no recuerdo que existes hasta la próxima vez que te encuentro. En mi vida eres un cometa que aparece cada 100 años, con la diferencia que no orbitas ante mi, ni ante nadie, puesto que siempre pensativo divagas en tu propio universo hasta que nuestras miradas se cruzan y te hago parte de mi mundo por un instante. La magia de conversar contigo no pasa más allá de una conversación de pasillo, tú siempre de ida y yo de venida, tras un "hola" que hace tiempo dejó de sonar falso, y sin siquiera darnos tiempo de preguntar si estamos bien, nos prometemos un "hablamos" que ambos sabemos que jamás sucederá, porque nunca pasaremos de conocidos.

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lunes 6 de abril de 2009

Entre Plantas. Más allá de lo verde.



Entre Plantas.
Más allá de lo verde.

Hay quienes no me entienden, y supongo que jamás harán el esfuerzo de entender, el porqué puedo vivir entre plantas y sentirme cómodo entre ellas. El gusto vino desde pequeño, y aunque no tiene fecha exacta, el haber crecido entre tres parrones, esparragueras, panes de Dios y cardenales, fielmente cultivados por mis padres, fue más que suficiente para hacerme sentir que las plantas son algo más en nuestras vidas.

Cuando recibo una planta, ya sea porque estaba, porque llega, porque me la regalan o porque mágicamente apareció de la nada, trato de conectarme con ella, mirarla, estudiarla, hasta aprender que tanta agua y que tanta luz directa del sol necesita. La conexión que se va formando con el tiempo, forma lazos tales que a veces les hablo con tanto respeto que ni las tuteo.

El mundo vegetal nos alimenta de formas y colores interesantes, entre los cuales a veces tenemos el poder de intervenir, resucitándolas, haciéndolas crecer más de lo normal, atrofiándolas, dándoles formas o cambiando la coloración de sus hojas y flores, sin que con eso tenga pretensiones o ego divino, sino que más bien morbo o gusto por lograr extraños efectos. Es por eso que a veces juego con tener una schifflera recta, o una hortensia que siendo verde en origen, termina siendo una rareza cuyos pétalos nacen con un centro verde, luego pasan al color blanco, después al rosa, fucsia, lila, morado, hasta llegar a un bello azul índigo; siendo esos resultados los que superan la sensación de lentitud del proceso, llegando a una suprema fascinación.

Por otro lado, el gusto por obtener una planta carnívora, no pasa más allá del mismo gusto que por tener cactus, y si bien, reconozco que en este país es atípico, en países como Argentina, España o México, comprarlas no resulta tan extraño.

No todo es fácil en este mundo, hay veces en que un error, una mala poda, un exceso de humedad, un ataque de insectos, un desprevenido animal, o la maldad humana causan estragos que nos vuelven la cuenta a cero, pero esas instancias son precisamente las que nos ayudan a lograr siempre algo mejor.

Publicación anterior relacionada: las mascotas que nunca tuve y las carnívoras dudas de Anita.

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domingo 5 de abril de 2009

"No tenía cara de mayonesa". Bendito sea youtube.



"No tenía cara de mayonesa".
Bendito sea youtube.

Hace mucho que vi "Esperando la Carroza", una comedia de Jacobo Langsner, y por muchos años muy pocas escenas me quedaron marcadas, a niveles que a ratos olvidaba de qué trataba la obra, no porque no fuera buena o aburrida, al contrario, era excelente, sino porque el tiempo fue haciendo lo suyo. Sin embargo, no todo se olvidó, hubo una escena que quedó en mi memoria de tal manera, que cuando voy a un supermercado, no puedo parar de reír cuando veo mayonesa o flan en las estanterías, siendo sólo entendido por mis hermanos en aquellos momentos, y quedando por loco ante el resto de los presentes.

Para mi fue tan marcador el diálogo de aquella escena puntual, que a veces hubo instancias en que lo sentía parte mío, como una parte más de mi propio vocabulario. Memorables recuerdos me surgen gracias a aquella obra, por ejemplo, una extinta amiga fue la que más rió un día, en que yo habiendo creído que hablaban de un tema, intervine, y resultó que se estaba hablando de otro, ante la absurda situación respondí: "no tenía cara de mayonesa, yo creía que eran flancitos", generando tal impacto con esas palabras, que en ella también se incorporó aquel maravilloso texto, como parte fundamental de su leguleyo vocabulario.

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Palabra retorcida de una mente quebrada, y vice versa.



Palabra retorcida de una mente quebrada,

y vice versa.

Anoche recordé que un libro jamás escrito a manos de alguien que jamás debí conocer nunca llegó y que, además, prometí dar un discurso en el funeral de alguien que ahora es un total desconocido y cuyo contacto perdido me impide saber si esta muerto o vivo. Fue así que concluí que mi palabra ha quedado retorcida, por las variaciones de caminos y extraño destino que ha sufrido mi vida. Ha habido tanto que prometí y que sin embargo, por más hombre de palabra que me crea, ya no pude o no quise cumplir. Quizás necias fueron mis palabras e infantil el pensamiento cuando fui a decir que haría cosas que resultaron inalcanzables o inmerecibles, pero nada sirve de escusa si ya no hice lo prometido hacer y aunque una segunda oportunidad recibiera, mi palabra volvería a romper.

Recíproco en parte es el hecho, puesto que a aquellos a que prometí lo incumplido, incumplidores han sido conmigo en sus promesas, y que aunque yo quisiera hoy compelido por mi moralidad, pagar haciendo lo que se deba hacer, freno o desprecio he de recibir a cambio, y en el mismo sentido, si yo exigiera que se cumpla lo que a mi me han prometido, furibundas ofensas recibiría en aquellos casos en que obtenga algo más que el desinterés.

Aprendida la lección, y siendo consecuente con mi reflexión, he decidido de ahora en adelante no prometer aquello que no he de cumplir, castrando mi necedad, forzando mi madurez, y aterrizando mis pensamientos, ya que será mejor hacer lo que sea mejor, sin prometer sino que inmediatamente actuar. Siempre será más noble decir que ya se hizo lo que debía hacer, con justicia y voluntad, que a pecar de mentiroso y de falto de palabra.

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