miércoles, 20 de septiembre de 2006

El Ku Klux Kan y la caja musical.


El Ku Klux Kan
y la caja musical.

Bajo un prisma reflexivo mucho más fuerte que el de la melancolía, ha sido extraño ver como ha ido mutando mi barrio. Sin duda el terremoto de 1985 obligó a un cambio estético bastante fuerte, pero no fue hasta los años noventa en que la reforma a la Plaza Brasil y el boom de la construcción de esa época, que el Barrio Brasil comenzó a cambiar su cara. Actualmente está lleno de pubs y restaurantes cada vez más sofisticados, y visualmente atractivos, otro fenómeno bastante interesante.

Pero hay otra cara de la moneda que es la que da vueltas por mi cabeza, y que consiste en ver como ciertas costumbres o tradiciones desaparecen lentamente.

Recuerdo que hasta hace 10 años, era común que las procesiones pasaran frente a mi casa, cosa que ya no ocurre. Las procesiones eran divertidos desfiles religiosos, al menos lo eran para mi en ese entonces, en especial cuando sabías que ibas a ver a algún vecino o conocido de vista, vestido de monaguillo, generalmente avergonzado por sus propios padres, sacándoles fotos hasta el cansancio.

Generalmente, el desfile era encabezado por un grupo de curas y sacerdotes que caminaban al rededor de un tipo que llevaba un inmenso estandarte de alguna iglesia, comunidad religiosa, congregación o lo que fuere pertinente; todos bajo una casi perfecta formación. Un poco más atrás había otro grupo, llevando en brazos o empujando una carreta ya sea con una cruz o con una imagen de la virgen María, y a los costados de quienes cargaban la imagen, había siempre dos o más sacerdotes encargados, según yo, de arriar al ganado, porque solo miraban y dirigían. Pero sin duda, la parte que más me gustaba era lo que venía después, nada menos que la caminata lenta del ejército del Ku Klux Klan, porque aunque más de alguna vez nos retaron cuando chico a mis hermanos, a mis amigos y a mi, corrigiéndonos que eran penitentes, es decir, personas arrepentidas de sus pecados, nadie podía discutirnos que todos y cada uno de ellos usaban el vestido blanco que cubre el rostro y termina en punta, típico del Ku Klux Klan.

Después de los penitentes, venía otro grupo más pequeño de sacerdotes, monjas y gente devota que caminaba más o menos ordenado. De vez en cuando, no faltaba la mujer con complejo de guía turística, que llegaba con su altavoz y gritaba rezos y alabanzas. Más atrás de ese grupo caminaba toda clase de gente en el más absoluto caos. Obviamente, algunos eran más religiosos que otros, o al menos trataban de serlo, pero sin duda, quienes más destacaban en fe eran siempre eran muchísimas ancianas, la mayoría de las veces llevando una vela encendida, y sagradamente cubiertas con un velo negro que ya ni recuerdo el nombre, y que quizás en algún comentario me puedan recordar.

Las procesiones fueron variando en frecuencia, y en cantidad de feligreses, y no me refiero a menos cantidad de ancianas con velos negros, sino que de jóvenes, puesto que las ancianas eran capaces de ir hasta cojeando. Algunas de esas procesiones siguen existiendo, pero cambiaron el recorrido así que ya no las puedo ver desde el balcón de mi casa.

Otra cosa que fue cambiando lentamente, casi sin notarlo, es la presencia de organilleros. Cuando yo era niño todos los sábados llegaban dos organilleros a tocar en el patio de mi edificio, a horas distintas por supuesto. Uno de ellos venía con un loro, y de vez en cuando sigue pasando por acá, el otro en cambio venía con tres chinchineros, con esas inmensos tambores con platillos cargándolos en su espalda, los cuales bailaban y giraban bajo su característico ritmo, mientras mi gato solía agazaparse escondido en unos royos de goma que mi papá escondía bajo una mesa de su taller. De vez en cuando venían otros grupos de chinchineros solos.

Creo que es sin duda la tradición del organillero y los chinchineros la que más extraño, ya que primero desaparecieron los chinchineros, y luego desapareció uno de los organilleros. Al igual que la canción de los 10 perritos, ahora sólo nos queda uno, y lamentablemente, creo que en unos años más será aplicable la estrofa que sigue.

Sin ir más lejos, hace tres semanas atrás ocurrió algo que a mi me entristeció, y que a mis hermanos les dio risa. El único organillero que queda, el cual ya no pasa todos los sábados, tocó una grabación de un órgano digital, en vez de darle vueltas a la manivela de su viejo organillo, el que seguramente si no es de procedencia alemana es de origen francés. Por suerte a la semana siguiente el organillo estaba reparado, y tocó los dos temas de siempre, los cuales me sé de memoria, pero no los recuerdo hasta que escucho el primer acorde.

Lamentablemente, no todo es perfecto con el último de los organilleros, ya que tengo una vecina cuyo nombre no voy a replicar porque sería feo, que tiene la mala costumbre de echar al organillero, obligándolo a tocar desde la calle. Yo lo escucho igual y me deleito con su presencia, aunque a veces me da mucha pena porque no ando con dinero para darle. ¿Pero qué pasará, cuando al último organillero que pasa por esta calle, ya no pueda tocar o ya no lo dejen tocar en ninguna parte?

Ojalá que nunca desaparezca el gremio de organilleros, para no perder la inigualable entretención de esas antiguas reliquias musicales.

3 comentarios:

  1. Se que es triste ver como las cosas cambian donde uno vive y como tradiciones tan nuestras se pierden por la modernidad.... es una pena, pero mientras los cambios ocurren y las costumbres se pierden, son nuestros recuerdos los que quedan de esos momentos vividos como las descriciones que haces.... por eso los recuerdos son importantes no solo para alegrarnos a cada uno sino que tambien para darselos a las proximas generaciones...

    Daniel en tú corazón el organillo nunca dejará de tocar....

    Besos.

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  2. pucha suenas como Isabel Allende cuando describe el Santiago de los anos 50. Esa es una de las cosas que menciona en un recuerdo de Chile que escribio en 2002 llamado "Mi Pais Inventado" :D

    Barbara (que nunca ha visto un organillo salvo en peliculas)

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  3. Uf estas un poco nostalgico. Pero para mi es super natural ese estado melancolico reflexivo, casi siempre estoy asi, o por lo menos eso refleja el escrito. Yo nunca he visto esas procesiones, y me parece q tampoco un organillero que pase por mi casa. ASi q siendo santiaguino no estoy al tanto de lo q ocurre o de lo q ocurrio. jajaj pero no es primera vez q me pasa

    Seba es distraido.

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